martes, 8 de noviembre de 2011

Texto semana 9

Hola:

Este es mi texto de la semana 9, me pareció muy divertido escribirlo y espero que alguien más lo disfrute, aunque la verdad nunca había intentado escribir nada que fuera en genero de terror y no creo haberlo logrado, pero me fue muy divertido intentarlo.


Feliz lectura.

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Como si fuera influenza.

Solamente nos encontrábamos de visita en la ciudad, en realidad habíamos planeado ese viaje con varios meses de anticipación y pensamos que sería buena idea recorrer la ruta de independencia y pasarnos por los puntos importantes de Querétaro que habían sido participes de ella, era un viaje meramente cultural.

Ya llevábamos 2 días en el hotel y con el suficiente miedo a salir a la calle como para aventurarnos en esa jungla que se habían convertido las calles. Nos hacían falta varias cosas y mi hermano y yo empezamos a planear que uno de los dos debería de bajar a sondear el ambiente. La gente del hotel no decía gran cosa. Necesitábamos saber que vías eran las correctas para salir de la ciudad.

Las noticias en la tele no mencionaban mucho más de lo que sabíamos. Era una enfermedad, era como la influenza, se contagiaba de persona a persona y actuaba muy rápido. La gente empezaba con fiebre, luego perdía el conocimiento y en las horas siguientes moría. Era difícil no sentirse aterrado cuando solo con mirar por la ventana te dabas cuenta de que había gente tirada en la banqueta de la alameda y en la calle, todos ellos ya muertos porque no pudieron llegar a su destino. Y del ejército no se sabía nada, no se habían aparecido ni ellos ni la policía a intentar poner cierto orden, o al menos eso era lo que se podía ver desde nuestra ventana del hotel. ¿Dónde estaba la autoridad?

En eso una notica nueva en el televisor nos hizo recapacitar en que tan conveniente sería salir. Eran las 5 de la tarde y empezaba a ocultarse el sol al ser invierno, lo que le daba un toque más tétrico al asunto. El reportero se encontraba en un laboratorio, con un traje NBQ amarillo con el que se supone estaba evitando el contagio de la enfermedad. La nota fue breve: “los lugares cálidos eran los mejores para sobrevivir, el virus no puede atacar el sistema inmunológico a más de 15 grados centígrados. En las zonas frías era donde se estaba llevando a cabo la devastación, la gente solo tenía una probabilidad de sobrevivir yéndose a una playa cercana”

¡¿Una playa?! Esa era la pregunta ¿Cuál era la más cercana a la ciudad de Querétaro? Tal vez yéndose hacia Jalisco, o tal vez a Michoacán o Colima, hasta Nayarit era buena idea, cualquiera de esos estados tenía playas y a demás eran hermosas. ¿O nos iríamos hacia el Golfo? Hacia Veracruz o Tamaulipas, quien sabe por cuál de los dos lados sería más fácil llegar, ya que casi estábamos a la mitad del camino, estábamos en el Bajío del país así que cualquiera sería tan buena idea como las demás. No sabíamos que carretera sería la más transitada aunque se podía suponer que las que iban a las playas más conocidas.

El éxodo no se hizo esperar y empezaron a sonar bocinas de claxon en la calle, seguramente de toda la gente que intentaba huir y aventurarse a las carreteras lo más pronto posible con tal de alcanzar una de esas playas hermosas que tiene México, y que ahora se antojaban más cálidas que de costumbre. Pero Querétaro no dejaría salir a los viajeros tan fácilmente, parecía un juego macabro pero la temperatura estaba descendiendo tan drásticamente que en poco menos de una hora el viento estaba tan helado como nuestras esperanzas para poder salir de la habitación de hotel. Nosotros ya habíamos prendido la calefacción si es que eso servía de algo. A lo más nos atrevíamos a espiar por entre las rendijas de la cortina de la ventana. Y el paisaje era desolador y desesperante.

Varias personas empezaron a convulsionar y se dejaron caer al pavimento, unos carros chocaron estrepitosamente y se inicio un incendio por el combustible derramado de los mismos, lo que le dio un aspecto lúgubre a la calle. Mi hermano y yo nos vimos por unos minutos y sin decir una palabra seguimos indagando, aunque yo me decidí y apague la luz de la habitación, no queríamos llamar la atención.

Después de un rato decidimos dejar de ver por la ventana ya que la escena no era alentadora. Nos concentramos en buscar en el televisor algo que nos ayudará a decidir cuál sería el mejor camino que deberíamos de tomar y tratando de decidir en esa época de invierno cual sería la mejor ruta, para tratar de evitar las ciudades más frías. Sacamos los mapas que traíamos e iniciamos las conjeturas de la mejor ruta de escape de la ciudad. También estaba el tema de llevar alimento porque no sabíamos si podríamos conseguirlo más delante y lo más importante, de qué forma podríamos conseguir un traje NBQ para ver si con eso nos protegíamos del virus aunque solo fuera un poco. Usaríamos una motocicleta para movernos, en caso de que las autopistas estuvieran ya saturadas, pero como nosotros veníamos en carro tendríamos que robar una, esa parte no me gusto mucho, pero Juan era mayor y decidió que sería lo mejor para sobrevivir, esperaríamos al día siguiente para salir en cuanto el sol calentara un poco más el ambiente.

Le dije a Juan que era momento de hablar a la casa, de buscar a mamá y decirle lo que haríamos, seguramente ella y papa estarían intentando también irse a una playa cercana, o tal vez a la huasteca donde también hacía mucho calor y podría ayudar a que no se propagase el virus ya que solo les quedaba a 6 horas de San Luis Potosí.

Descolgué el teléfono y marque, pero no estaba preparado para lo que escuche…. no había línea más allá del circuito telefónico del hotel. Todo parecía estar muerto.

Y sin quererlo, me pregunte si podríamos sobrevivir al siguiente día.

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