Legado
Había sido muy extraño como solo hacían 12 horas la casa del Sr. Alfonso se encontraba tan atestada de gente que no había un solo lugar en el que pudieses estar platicando con alguien sin que otra persona te escuchará. Aunque claro, a esa hora nadie estaba enterado del contenido del testamento del Sr. Alfonso y por tanto todos sus parientes habían acudido a su funeral esperando encontrarse beneficiados por la muerte de este.
Cuando vieron llegar al Lic. Bermúdez, el abogado del Sr. Alfonso Alcantar, no pudo ser mayor la alegría de todos los presentes porque supieron enseguida que aunque estaba ahí en calidad de huésped, estaría solo el tiempo suficiente para despachar los asuntos pendientes de su cliente, al ser un abogado con tanto trabajo no se quedaría más de un día. Y aunque trataban de disimular el contento que les había dado al verlo llegar no se pudo haber hecho más visible que el sol a medio día en un cielo completamente despejado.
El Lic. Bermúdez se acerco al féretro, estuvo un rato en silencio y luego se alejo al extremo contrario de la sala donde empezó a observar a cada uno de los presentes. Nadie decía nada hasta que uno de los hijos del Sr. Alcantar le ofreció una habitación y lo llevo a que se instalase. El Lic. Bermúdez le pidió que avisara a los deudos que haría la lectura del testamento en unos minutos más, según la voluntad de su cliente. Noticia que fue bien recibida entre la concurrencia porque eso les haría esperar aún menos a saber si recibían algo o no de la herencia que todos calculaban era tan esplendida que les ahorraría el trabajar el resto de sus días si es que se veían beneficiados de ella.
Una hora más tarde bajo el licenciado e hizo la lectura en voz alta. La reacción de la gente fue lo que esperaba: enojo, ira, gritos, indignaciones, reclamos, amenazas de demanda creyendo que el testamento era falso… y sobre todos, la soledad que reino en el lugar a la media hora que termino de leer el testamento.
Debido a que ninguno de sus parientes recibió nada, todos decidieron irse y dejar el cuerpo del difunto en esa casa completamente solo. Ni siquiera sus hijos pudieron quedarse. Así había terminado la lectura del testamento: sin una sola persona que acompañase los restos mortales del sr. Alfonso. El licenciado Bermúdez subió a la habitación que le habían asignado y se acostó a dormir, el viaje hasta ahí había sido largo y cansado. En la mañana cuando se levanto y bajo a la sala descubrió que la casa había quedado completamente vacía, abandonada; y hasta ese momento se percato que faltaban cosas. Seguramente los que salieron al último decidieron llevarse al menos un cuadro, un adorno o alguna cosas que significara una recompensa por el tiempo que habían dedicado a estar en el funeral.
Se lamento de saber que ninguno de los parientes del Sr. Alcantar estuviera acompañándolo y de corroborar lo que su cliente le había dicho en vida, que solo les interesaba la herencia.
Estaba en la entrada de la sala viendo el féretro olvidado por todos, vasos tirados en el suelo donde se habían servido café algunos y los habían dejado ahí en protesta por saber que nada les dejo, y las cuatro cirios que casi se consumían. Empezaba a preguntarse si tendría que encargarse el del entierro cuando un sacerdote entro a su lado y lo saludo. Hizo una breve oración y se dirigió a él.
- No esperaba encontrar a nadie – le dijo el sacerdote- ¿le conocía? – pregunto amablemente
- Fui su abogado – contesto el licenciado
- Ahh, usted les dijo del testamento – contesto el sacerdote y el licenciado asintió levemente
- ¿Sabe usted el contenido? – le interrogo el licenciado
- Solo me dijo que no le dejaría nada a nadie – dijo tranquilamente el licenciado – yo lo confesé hace unos días y supe que nadie estaría aquí en estos momentos – y recorrió la mirada por el lugar – así que organice a unos hombres de la comunidad vecina y les pedí que me ayuden a realizar el entierro, así que si gusta, nosotros nos encargaremos del resto, por si tiene que irse.
- Está bien – le contesto aliviado el abogado – pensé que me tocaría a mi ese trabajo y no sabía a quién recurrir en el pueblo– después de una breve pausa pregunto - ¿Y quienes le ayudaran a sepultarlo.
- Unos campesinos a los que les di de penitencia una ayuda comunitaria en su última confesión – dijo el sacerdote con una risita en los labios – no tardaran mucho en llegar y ellos me ayudaran. Debemos darle la debida sepultura a estos restos.
- Bien, muy bien – dijo el licenciado y se dirigió a su cuarto por sus cosas.
Al bajar regreso a la sala y le dijo al sacerdote
- Aunque solo le van a ayudar por un cumplir con una penitencia que les dio usted – le dijo- tengo el deber de decirle que tengo instrucciones de mi cliente que al que se encargará del entierro de sus restos les otorgaría una parte de su herencia y esta casa, por lo que regresare en una semana para hacerle entrega a usted y a esas personas de lo que les corresponde – al terminar de decir esto salió de la casa.
El sacerdote se quedo parado en la entrada de la sala asombrado, ya que eso no se lo había dicho el sr. Alfonso, por lo que era una sorpresa que sería bien recibida entre los campesinos que le ayudarían, pues estaban muy necesitados economicamente.
Sin proponérselo empezó a hacer planes para la casa, la convertiría en una casa de atención a personas de la 3ra edad, y considero que con esto quedaría a mano con la buena voluntad del ser. Alcantar.
Así que empezó a limpiar el lugar.
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